El camino rebelde que quería andar sin caminante

Había una vez un camino que quería levantarse y caminar por sí mismo.

Tenía el sentimiento desde que, gracias a una "extensión del presupuesto" lo habían construido como sus planos, pero con otros planes, más promiscuos.

El primer caminante que sintió sobre sus acomodadas calzadas, el primero que le cruzó para ir de un lado a otro, el primero que se estacionó con el primer auto que sobre él llegó, tanto como el primero que dejó caer la primera basurita, fueron momentos sensorialmente extraños para él.

Y los recordaba en la memoria como gruesos jinetes sarcásticos de una equivocación clarísima. Cansado de aquello, se propuso la tarea de buscar al último caminante, para con él, despedirse de la tarea de haber sido el destino y el paso obligado de tanto y de tantos.

Inició su selección pensando que el bebé que con dificultad sentía, sería el elegido, pero pronto cayó en cuenta que sus verdaderos pasos, eran los de su madre, y aquella mujer, no tenía nada por resolver, sus ojos abrillantaban los alrededores, sus risos canela, abrigaban a los matorrales y las abejas se detenían en el aire, para contemplarle.

Una noche despertó y sintió un caminar sinuoso, dolorido y reservado, acompañado de un golpe seco permanente y presuntuoso, pero al mismo tiempo imposible de vincular.

Era evidente, que el mismo sentimiento no unía a esas dos piernas. Al reparar en el caminante aquel, entendió que a pesar de la escoba añeja, aquel hombre había aprendido a olvidar y perdonar a sus predadores.

Como camino, su último caminante necesitaba tener algo qué resolver, tendría que ser como un par, un socio, un hermano, un igual.

Empecinado en encontrarle

...pensó y pensó, meditó profundamente y pudo entonces, conectar y revivir por debajo, las raíces de los árboles que antes que él, allí se sentían como sus antepasados. 

Fue prefijo y sufijo de sus calendarios apocalípticos, de sus historias e inundaciones, de sus abismos antes del gran silencio. Sí, el gran silencio desde que los hombres de las estrellas, les pidieron silencio, luego de sembrar al hombre en la tierra.

Entendido su rol, recordando su intención, entendió que todo se resolvería, dejando que ese hombre representante, llegara para encontrarle, y así lo hizo.

Una mañana, tras una espera de catorce meses, sintió detenerse dos piernas juveniles, hastiadas y confundidas y tras percibir su aroma de libertad, extrajo de sus ropajes la condena de la ley de los hombres, para mostrarle sus intenciones.

Entonces le dijo al caminante: ¿O vuelas, o descansas? ¿O dejas atrás o te aferras a la culpa? ¡Esas son tus opciones! Más si, decides ayudarme, te ofrezco ser testigo manantial, heredero cronista de mi rebeldía.

Y entendiendo ambos, que necesitaban alejarse uno de ser el hombre en el que se había convertido y el otro, del hedor de tan solo haberle permitido el trote a todos sin más, optaron por acceder y cambiar.

El camino se levantó convertido en una enorme roca volcánica incapaz de crear tinieblas, majestuoso y erudito.

Convencidos de la confianza, cambiaron sus horizontes y fueron más felices, ligeros, menos previsibles y más sinceros, el uno con el otro.

Trataron de resguardar todos los recuerdos...

...de quienes allí habían dejado sus pisadas, pero fue imposible porque los cuentos cambiaron, arriba se hizo abajo, lo oscuro luz y el ruido silencio y el camino, que ya era roca sólida, emigró hacia la ingenua e incomprensible luz emocional, se hizo energía y tomó sólo, la forma de un ave.

Hecho esto, el hombre, cambió sus ropajes, enumeró la ciencia, combinó la luna con el sol y encontrado y resuelto el aparente desorden, dejó que el olvido de esfumara, para permitir que ambos, el camino y él, se integraron cada uno con su par espiritual en una sola dimensión.

Entonces, se tornó innecesario mirar la duplicidad, buscando alcanzar la unidad.

Ahora mirarse desde dentro o por fuera, transformado en el mismo delirio, en el mismo exquisito disfrute emocional, se había convertido en la Plaza de la vinculación, a donde todos llegaron a descansar, para siempre.

Abandonado el todo, creada la nada verdadera, "colorín colorado", dejó por fin de trabajar.

El camino rebelde que quería andar sin caminante
Escrito por: Sergio González



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